viernes, 5 de mayo de 2017

Divagando

Bajo las escénicas gotas del drama,
Calla aquel vaivén, 
El de orientar la verdad,
hasta profundidades cegantes.

Cómo si a propósito,
Se mantuviese intacta.
Dormida, inmaculada.

¿Cuánto se ha de haber destruido,
Esperando una verdad,
 que mitige, tanto hastío?

Moriremos esperando.
Ya no confio más en el tiempo,
Él tiempo mismo, 
Jamas confió en mi.

Me alegré de no haber vivido,
entonces de modo autónomo.

Muchas veces fui sumisa
Y presa a antojos.
Muchas veces vestí de muñeca,
Otras de marioneta.
Con velos virginales,
Con elegantes y finas telas.
Seda y terciopelo decorando mi silueta.

Y sin embargo, me delataba
La mirada inexpresiva,
muerta.

Mis ánimos se alojaron después,
En sorpresas,
En fracasos,
En caricias podridas,
En viejos ceniceros de cristal.
En maletas de piel,
Estaciones de autobuses
En las vías del tren.

De mis viajes y de los siglos comprendí,
Que jamas me enamoré,
Que era tarde.

La oscuridad,
Y él silencio se impregno de mi,
O yo de ambos...
(Ya no lo sé.)

Ana Lerma 2016

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